Carta de la Fundadora

Por alguna extraña razón, cuando leí un libro de Psicología sobre una mujer, cuyo sobrenombre fue Ellen West, su trágica vida marcó una vocación que me movió a aceptar estos retos.


En 1985 tuve la suerte de estar en un Centro de Tratamiento para Adicciones en el Hazelden Institute y con sorpresa vi que muchas de las personas con adicción a las anfetaminas y diversas sustancias para bajar de peso e inhibir el hambre, tenían claros síntomas de Trastornos en la Imagen Corporal así como en la alimentación. Así nació mi deseo de conocer sobre estas enfermedades y poder ayudar a las personas en mi país.


Por ello, dediqué diez años (1985-1995) a estudiar y visitar diversos centros de tratamiento en muchos países, entre ellos: Estados Unidos, Londres Inglaterra, España, Francia e Italia.


De toda esta experiencia vivencial y estudios, creamos el Modelo Ellen West que se diferencia de todos los que conocí porque integra el tratamiento de los síntomas así como sus causas. Ninguna clínica en la que estuve manejaba esta visión. Era una u otra pero no ambas. Por ello iniciamos con la integración de modelo de la Psicología Cognitivo Conductual unido a los conceptos fundamentales de la Psicoterapia Psicoanalítica que para esa época resultaba impensable.


Lo primero fue iniciar con un centro de tratamiento, brindar un modelo que les permitiera a nuestras pacientes recuperarse y recuperar la salud y las ganas de vivir. Empezamos con un centro de tratamiento ambulatorio intensivo y al año lo ampliamos al incluir internamiento de 24 horas con sólo seis camas. Era necesario que nuestro país tuviera un centro de tratamiento y así, fuimos la primera Clínica para el tratamiento de los Trastornos de la Conducta Alimentaria en la República Mexicana.


Nos tocó abrir brecha en muchos aspectos, además de ser pioneros en brindar esta opción de tratamiento, iniciamos con programas de conferencias en escuelas que nunca se habían hecho. Pedimos apoyo a los medios de comunicación y, aunque al principio fue difícil, logramos crear conciencia para que el tema fuera tocado con profesionalismo y fuera una plataforma de información para la sociedad mexicana.


Ya han pasado bastantes años desde ese inicio apasionado, pleno de convicción y deseo de ayuda, plagado de esfuerzo, dedicación y esperanza.


Los resultados han sido alentadores en todos los ámbitos, tanto en los pacientes tratados como en las campañas que hemos realizado y los acercamientos a la Cámara de Diputados y Senadores para generar propuestas en legislación de aspectos relacionados.


La faena ha sido intensa, fructífera, demandante y por momentos agotadora. Excitante y maravillosa, misteriosa y por momentos trágica.


Sabía que era complejo y sí, lo fue, pero la vivencia cotidiana de estar con nuestros pacientes es… Indescriptible… por momentos, tantos conflictos y dificultades nos dejan una suerte de cansancio que siempre ha sido pasajero.


¡Ahora nuestro centro de tratamiento es más grande y nosotros somos más expertos! Hemos probado nuestro modelo y replanteado nuestras aproximaciones y sabemos que este proceso de re-aprender será permanente.


Quisiéramos poder ayudar a más personas, esa es nuestra limitación más dolorosa. Los costos del programa de tratamiento son altos y, aunque contamos con donativos, nunca serán ni remotamente los suficientes para que pudiéramos atender a los que nos necesitan.


Mis funciones han cambiado al cabo de los años, sigo estando muy presente en todos los ámbitos de la Clínica Ellen West (centro de tratamiento), así como en las actividades de la Fundación Ellen West para obtener recursos y crear consciencia.


Mi compromiso es evidente y mi convicción en nuestra capacidad para ayudar a mejorar la calidad de vida de nuestras pacientes y recuperar la salud se incrementa con los años.


Aquí estoy y aquí está el equipo de Ellen West


Araceli Aizpuru de la Portilla